Rajazos

No, no me rajé en los certámenes, me raje simplemente por la vida.

Esta última semana ha sido recurrente los «me rajé» en mi vocabulario, y a continuación explico por qué.

Corría el fin de semana, no viajé a Santiago ya que tanto Andrea como yo teníamos bastante que estudiar, hacer y era el día de la madre, por lo que mi viaje planificado no se concretó y me quedé en casa. ¿Qué tiene que ver?, que suelo volver en el tren nocturno de las 22:45, ese mismo que chocó con una camioneta ese mismo domingo en el que suelo volver. Probablemente ni se hayan dado mucho cuenta la gente de lo que pasó, y de seguro la culpa no es del guardavía que no les anticipó la cercanía de un tren (y a continuación dejare claro enfáticamente el porqué). Primer evento de la semana.

Si no me vuelvo en tren, lo hago en Tur Bus, ese mismo que se desbarrancó anoche en el puente sobre el río Tinguiririca, costando la vida de 24 personas. Claro, suelo viajar en Salón Cama, quienes son bastante mas precavidos de las reglas de tránsito que el salon clásico. Es como algo ridículamente cultural, si pago más, tengo derecho a que me cuiden, si pago poco, llévenme como animalito a como de lugar a mi destino. Segundo evento de la semana.

Y hoy, saliendo a última hora a clases temprano en la mañana, subo a una micro con micrero con cara de avispado. Apenas cuatro personas íbamos en el microbus, tres señoras dicharacheras delante, yo casi al final, ya que llevaba tremendo bolso a causa de mi muda de ropa formal para mi presentación de Inglés. Yo, escuchando el podcast de Terapia Chilensis como de costumbre, esta vez re-mamándome la discusión del lunes que ya había escuchado, concentrado y autodándome mis opiniones al respecto cuando en el cruce ferroviario de Chiguayante escucho un grito desconsolado de vieja histérica «¡Ay!, Apúrese, Apúrese, por favor!», el chofer frena asustado por los gritos y luego al entender el porqué, acelera. Sin comprender me doy vuelta hacia la ventana y veo dirigiéndose hacia mi y a no más de 20 metros el Biotren hacia Concepción literalmente «hecho una corneta». Si rozó la cola de la micro a 30 centímetros fue demasiado, sentí la presión del desplazamiento de aire que provoca el tren en la cola de la micro a medio metro de mi espalda. Tercer evento de la semana, esta vez parecía ser la vencida, a menos de un metro de muerte segura.

Una viejita del campo me diría ¡Le echaron un mal mijito!

Y después del bajón adrenalínico que me vino, las viejas decían «pare chofer, para ir a alegarles a estos guardavías». ¿Que acaso la ley no exije detenerse, mirar hacia ambos lados y cruzar con suma cautela una línea ferroviaria?. Yo quise descuartizar al micrero de cara de avispado, pero creo que la cara deformada de pánico que tenía era suficiente. No tomó ni un solo pasajero más hasta me bajé en Concepción.

Y de los clichés de que «vi pasar mi vida ante mis ojos», mis polainas. Lo único que pensé en ese cuarto de segundo fue como mierda salto lo más rápido posible de entre estas sillas plásticas.

A vuelta a casa llego al paradero de Tribunales y con quien me encuentro. Con mi amigo micrero de cara avispada. Lo miré, me reconoció y preferí tomar la micro que venía atrás.

Y para finalizar (hasta ahora) a 6 cuadras de mi casa frente a una escuela, tránsito cortado, acababan de atropellar a alguien. Y en casa, el automático de la conexión eléctrica había saltado tal vez por un corto circuito, mi vida esta entrete.

Un gringo diría que mi semana ha sido «eventful».

RFDG, Santiago y la Mafia

El fin de semana viajé a Santiago por dos razones. La primera para estar con mi novia y la segunda, para estar con «la otra», la computadora, bueno y con «los otros», los monos.

No pude viajar de día como acostumbro a hacerlo los viernes ya que a ultima hora tuve clases hasta bastante tarde, asi que a viajar de noche. Y como tuve que comprar pasajes a última hora, no alcance a viajar ni en Cama ni Premium, asi que a doparme y aguantar el dolor de espalda. Estaba bastante cansado asi que me dormi apenas saliendo de Concepción, al menos.

En la mañana, tras desayunar con Andrea y tras un taco gigantesco en el nos retrasamos mas de 40 minutos, en la Ucentral ya estaba Pedro dictando su ponencia.

Ponencia HIG
Heil to the King!

Lo mejor estuvo tal vez no necesariamente en las charlas (que son siempre interesantes), sino que en la tradición de la «mesa redonda» (auque era rectangular) en que hacemos participar al publico con regalos y challas y modelos (y en que se me olvidó regalar los ubuntu que andaba trayendo). A causa de que era el Dia del Software Libre y la presencia de Horst von Brand, nos dimos licencia para lo off-topic y hablar sobre el software libre en general (y para las copuchas, o no jCi).

Phillip y Horst

Todo partió con una simple pregunta: ¿es factible el modelo comercial del SL?, diversas opiniones como siempre. A pesar de que entre Horst y Juan Carlos dejamos en claro nuestro convencimiento del éxito del SL como modelo económico, la pregunta queda abierta.

Por supuesto, luego de la reunión proseguimos a nuestro antro de costumbre: Shopdog de Pedro de Valdivia, en donde siguió la discusión sobre Mi Primer Pc, la mafia linuxera en Chile y el tiempo que le sobra a jCi para saber tanto dato inútil, llámese trivia.

Rocket time!

Siempre viajo los viernes en tren en el EFE Terrasur de día (con transbordo en Rancagua dado el cuasi porrazo del puente sobre el Maipo) y a la vuelta Cama en la noche, pro la coyuntura política-social me hizo cambiar los planes (el domingo era 11 de Septiembre, por lo que no me apetecía cruzar el centro de Santiago a las 10 de la noche) y terminé volviendo el Lunes en Terrasur en la mañana. Por suerte esta vez no matamos ningún chanchito y el viaje llegó a destino a la hora indicada.

Maipo

Para mi sorpresa, el tren ya esta pasando por sobre el Río Maipo (a 10 por hora, claro), por lo que no es necesario trasbordo Santiago – Rancagua (que sumado al posterior trasbordo Chillan – Concepción, ya comienza a molestar).