Hace 4 años

Hace 4 años decidí mudarme a vivir a Santiago. Necesitaba ver a mi hermana, que ya hacia tiempo estaba viviendo allá, pero además necesitaba salir de una duda, arriesgarme como un quinceañero y lanzarme a la vida antes que las neuronas retomaran su trono. Pasar tiempo con alguien que por esas tincadas irracionales, me parecía que llegaría a ser alguien importante en mi vida.

Así fue, ese alguien era Andrea y hoy cumplimos 4 años. Qué felices 4 años!

Esta es la primera de muchas fotografías que nos tomaríamos.

Me siento estafado

O más correctamente “he sido estafado”. O como mínimo engañado, pasado a llevar, con el **** hasta el fondo.

Que tienen en común:

«De acuerdo a lo solicitado por usted, informamos que nos encontramos gestionando su requerimiento de forma interna. Uno de nuestros Ejecutivos se contactará con usted dentro de las próximas horas.»

– Felipe Ahumada

Y:

«Junto con saludar muy cordialmente, informamos que su caso en particular ha sido presentado ante nuestros especialistas para ser atendido y nos comprometemos a que en un plazo no mayor a 48 horas uno de nuestros ejecutivos se contacte a través de este medio o vía telefónica, para informar acerca de cualquier novedad que exista en torno a la solución del inconveniente con el despacho del equipo.»

– Jorge Villanueva

Tienen en común que me han respondido textualmente dos veces cada una de ellas ante mis consultas de “cuando piensan enviarme el producto por el cual ya pague hace más de quince días”. Incluso después que les hiciera saber que la primera de las respuestas me había sido dada textual hacía diez días. A estos imbéciles les pagan por copiar y pegar estupideces. Tanto así que hasta dudo que sean humanos. Ningún ser humano puede ser tan estúpido como para no leer el thread al cual está contestando.

Y vale decir que nunca me llamaron «ni en las siguientes horas, ni en las 48 horas, ni siquiera en las 72, ni las 96, ni una semana, ni dos».

Esto es innombrable, inaceptable. Ya ingresé el reclamo correspondiente al Sernac y se encuentra en trámite. De pasadita escribí al «Línea Directa» del diario El Mercurio, en donde me informan que harán lo posible. De no resultar me veré obligado a presentar una demanda en el juzgado de policía local.

Update: Mi hermana en Santiago, con ganas de pelear con alguien hoy, fué a las dependencias centrales de Movistar a realizar el reclamo (la última vez que mi hermana estuvo en una dependencia de Telefónica terminó discutiendo con el gerente …) y le dijeron que el equipo habría estado en Concepción el 29 de Junio (igualmente fuera del plazo legal para la entrega) pero no pudieron econtrar mi domicilio. Falsedad absoluta ya que incluso les describí como llegar, señales del camino y de mi casa, la única casa con un gigantesco ciprés de mas de 10 metros en su jardin, que más señales querían.

En fin, prometen (por cuarta vez) que el equipo «esta vez si que sí» estará en mi domicilio mañana viernes 6 de Julio en mi domicilio. Espero que así sea.

Lo primero que haré, de obtener algún día el equipo por el cual pagué, será cambiarme a Entel.

Rajazos

No, no me rajé en los certámenes, me raje simplemente por la vida.

Esta última semana ha sido recurrente los «me rajé» en mi vocabulario, y a continuación explico por qué.

Corría el fin de semana, no viajé a Santiago ya que tanto Andrea como yo teníamos bastante que estudiar, hacer y era el día de la madre, por lo que mi viaje planificado no se concretó y me quedé en casa. ¿Qué tiene que ver?, que suelo volver en el tren nocturno de las 22:45, ese mismo que chocó con una camioneta ese mismo domingo en el que suelo volver. Probablemente ni se hayan dado mucho cuenta la gente de lo que pasó, y de seguro la culpa no es del guardavía que no les anticipó la cercanía de un tren (y a continuación dejare claro enfáticamente el porqué). Primer evento de la semana.

Si no me vuelvo en tren, lo hago en Tur Bus, ese mismo que se desbarrancó anoche en el puente sobre el río Tinguiririca, costando la vida de 24 personas. Claro, suelo viajar en Salón Cama, quienes son bastante mas precavidos de las reglas de tránsito que el salon clásico. Es como algo ridículamente cultural, si pago más, tengo derecho a que me cuiden, si pago poco, llévenme como animalito a como de lugar a mi destino. Segundo evento de la semana.

Y hoy, saliendo a última hora a clases temprano en la mañana, subo a una micro con micrero con cara de avispado. Apenas cuatro personas íbamos en el microbus, tres señoras dicharacheras delante, yo casi al final, ya que llevaba tremendo bolso a causa de mi muda de ropa formal para mi presentación de Inglés. Yo, escuchando el podcast de Terapia Chilensis como de costumbre, esta vez re-mamándome la discusión del lunes que ya había escuchado, concentrado y autodándome mis opiniones al respecto cuando en el cruce ferroviario de Chiguayante escucho un grito desconsolado de vieja histérica «¡Ay!, Apúrese, Apúrese, por favor!», el chofer frena asustado por los gritos y luego al entender el porqué, acelera. Sin comprender me doy vuelta hacia la ventana y veo dirigiéndose hacia mi y a no más de 20 metros el Biotren hacia Concepción literalmente «hecho una corneta». Si rozó la cola de la micro a 30 centímetros fue demasiado, sentí la presión del desplazamiento de aire que provoca el tren en la cola de la micro a medio metro de mi espalda. Tercer evento de la semana, esta vez parecía ser la vencida, a menos de un metro de muerte segura.

Una viejita del campo me diría ¡Le echaron un mal mijito!

Y después del bajón adrenalínico que me vino, las viejas decían «pare chofer, para ir a alegarles a estos guardavías». ¿Que acaso la ley no exije detenerse, mirar hacia ambos lados y cruzar con suma cautela una línea ferroviaria?. Yo quise descuartizar al micrero de cara de avispado, pero creo que la cara deformada de pánico que tenía era suficiente. No tomó ni un solo pasajero más hasta me bajé en Concepción.

Y de los clichés de que «vi pasar mi vida ante mis ojos», mis polainas. Lo único que pensé en ese cuarto de segundo fue como mierda salto lo más rápido posible de entre estas sillas plásticas.

A vuelta a casa llego al paradero de Tribunales y con quien me encuentro. Con mi amigo micrero de cara avispada. Lo miré, me reconoció y preferí tomar la micro que venía atrás.

Y para finalizar (hasta ahora) a 6 cuadras de mi casa frente a una escuela, tránsito cortado, acababan de atropellar a alguien. Y en casa, el automático de la conexión eléctrica había saltado tal vez por un corto circuito, mi vida esta entrete.

Un gringo diría que mi semana ha sido «eventful».