Manquimávida una vez más

Ya necesitaba mover algo las piernas, asi que nos pusimos de acuerdo con Cristian para una vez más subir el Manquimávida, llegar hasta su punto más alto y luego caminar por toda la cresta hasta llegar al frente de mi casa.


Cielo sobre Concepción.

Se suponía según los pronósticos del tiempo que iba a estar nublado, por suerte no fue asi (para la vista que tendríamos) y por otra parte ni tanta suerte (me quemé los brazos ;-) ). La vista fue espectacular, en el punto mas alto se puede ver la Cordillera de los Andes, lo que creo son los nevados de Chillán (a unos 170 kilómetros al este).


Amigos en el camino.

Luego de llegar a la cima, decidimos bajar frente a mi casa (unos 3.5 kilómetros lineales al sur) yendo por el camino que va por sobre la cresta de los cerros.

Nos encontramos con varios “amiguitos” en el camino, primero una pequeña culebra, que quedaría bautizada «Barotolo» en nombre a la culebra mascota de Papelucho (en Papelucho en Vacaciones) que hace solo un par de días estuvimos recordando con Moni, por ser los primeros Papelucho que leímos ambos.

Bartolo se nos escapaba por entre los pies hasta que mordió a Cristian en la mano cuando la intentó tomar. Mas adelante nos encontramos con el papa-abuelo-bisabuelo de Bartolo, una culebra de alrededor de un metro de largo, y del grosor de mi pulgar. Se notó de inmediato como había llegado a ese tamaño y edad, apenas nos vio con cara de curiosos, salio arrancando hacia los matorrales impenetrables.

Por último con un coleóptero del que desconozco su nombre, si hay un entomólogo entre el público, le ruego nos ilumine.

Otras pics del Manquimávida.

Manquimávida II

Con Cristian teníamos planeado hace algunos días volver a subir el Cerro Manquimávida, esta vez por un camino más entretenido, un sector de roqueríos que da la cara suroeste. Pero como ya se nos esta haciendo costumbre, luego de una semana de perfecto clima y hermosa visibilidad, bastó que nos pusiéramos de acuerdo para subir para que se pusiera a llover justo la noche anterior.


Flores en el Manquimávida.

A punto de decidir no subir por el mal tiempo, unos rayos de sol nos alentaron a salir de todas formas, algo mas tarde de lo habitual. El camino (mas bién la falta de él) nos hicieron gatear gran parte del camino entre matorrales y zarzas. Sin darnos cuenta ya estabamos estilando de mojados por las gotas que aun permanecían en las hojas de la vegetación. Luego de largo rato nos encontramos con los roqueríos, con su sonora quebrada de aguas algo lodosas; no era buena señal.

Despues de ver el terreno un rato, decidimos volvernos y subir por el camino normal. No llevábamos mas que un par de cientos de metros de descenso, cuando se larga una repentina lluvia. Como estábamos bajo una tupida capa de matorrales no quedamos “tan” mojados, aunque de todas formas quedamos estilando con las gotas que nuevamente quedaron posadas sobre las pequeñas hojas que nos rozaban mientras atravesávamos la espesa vegetación.

Otra vez al nivel del mar y a buscar el camino, pero tanto arrastrarnos, gatear, la incomodidad de las ropas mojadas, los dolores de cabeza de Cristian y un doloroso tirón que sentí en mi rodilla derecha (que luego al bajar se uniría al dolor de la derecha; si, los años no pasan, se quedan) nos permitieron llegar tan solo a la mitad de la escalada. La expedición fracasó :)

Gatear entre ramas mojadas es de lo peor. Pero el paseo de todas formas fue entretenido. Nos topamos con camiones que están ampliando la fuerte deforestación que sufre el Manquimávida :-(


Mas deforestación?.

Otras pics.

Cerro Manquimávida

Temprano en la mañana salimos con Cristian camino al Cerro Manquimávida, a unos cientos de metros tan solo de su casa y a un par de kilómetros de la mía. Alrededor de las 9 de la mañana comenzamos a subir sus casi 500 metros de altura.

Lástima que el día amaneció nublado, cuando desperté sentí un fuerte ventarron sobre mi ventana y cuando saque mi cabeza para ver las nubes, éstas cubrían completamente la cima del Manquimávida. A medida que pasaban las horas, algunas nubes se despejaron, pero para mi mala suerte, la niebla no se disipó y aun hasta esta hora el cielo tiene un tono celeste blanquecino deslavado.

La ruta es medianamente cómoda, con algunas inclinaciones altas pero por tramos de no más de cien metros. Apenas llevábamos un centenar de metros avanzado, cuando un perrito lanudo comenzo a acompañarnos, nos apuraba el paso adelantándose unos cientos de metros, luego nos venía a buscar y a repetir el proceso hasta que se nos perdió entre los matorrales y nunca más lo vimos.

A medio camino, nos encontramos con un campesino que venía bajando a caballo que nos saludo tomando su casco amarillo y su sonrisa con dientes menos. Pensaba yo en lo sufrido del trabajo de ese pobre equino, si en ciertas partes el camino es de difícil acceso por las grietas de quebradas que se crean apenas cae una lluvia medianamente fuerte, provocadas por la deforestación que dejó el gran incendio de 1999.

Llegamos a la cima, luego de rodear el cerro, alrededor de las 11 de la mañana, el lugar donde se ubica una antena de telecomunicaciones. Un viento feroz nos esperaba, mi gorro salió volando un par de veces varias decenas de metros y Cristian se congelaba del frío. Bajamos unos cuantos metros hasta donde los árboles nos cubrieran del viento y nos sentamos a tomar agua y comer algunas galletas.

Cima del Manquimávida
Desde la cima del Manquimávida.

Luego, mientras Cristian intentaba buscar alguna araña pollito, una tarántula chilena, me dedique a rodear la cima en busca de alguna buena toma. Las nubes jugaban conmigo, así como la niebla que se posaba por sobre el valle del Biobío.

Ya congelados por el fuerte viento, a las 12 comenzamos a bajar y nuevamente nos cruzamos con nuestro campesino amigo, saludándonos de buenas tardes esta vez. Nos detuvimos solo una vez para tomar unas fotografías de unas lagartijas verdes y rellenar nuestras botellas de agua en una quebrada vecina, una de varias que alimentan a la Quebrada Santa Elisa.

Lagartija
Lagartijas verdes en el camino.

Llegué a mi casa a tomar una ducha, comer y dormir. No fue buena idea bajar los tramos rectos corriendo, la planta de mis pies aun me arde.

Galería Cerro Manquimávida, enjoy.