Por donde pecas, pagas

Que cierto es este dicho. Por donde pecas, pagas. Ya le paso a la Ale Valle, hoy parece sucederme a mí.

Ya más tranquilo y resignado con Movistar, vale la pena destacar el sistemático trabajo de los personajes atendiendo el soporte internet. He sido víctima de todas y cada una de las mañas y artimañas que yo mismo aprendí respondiendo llamados telefónicos y correos al realizar asistencia técnica, mejor conocido como «ejecutivo de soporte».

¿Cuáles serían aquellas artimañas?

  • Ha sido ingresado su problema a nuestro sistema y un (otro, claro está) ejecutivo se comunicará con usted dentro de las siguientes horas.
  • Si molesta más, hemos desviado su situación a un Supervisor.
  • Nos comunicaremos con usted dentro de las siguientes 48 horas.
  • Si sigue molestando, hemos puesto un especialista a trabajar en exclusivo en su problema.
  • Si ya es mucho, nos comunicaremos con usted en cuanto tengamos noticias.
  • Si ocurre que se comunica antes, usted es primera prioridad.
  • En todas las oportunidades se le escupe de vuelta toda la información que el cliente brinda (numero de cliente, orden de compra, orden de servicio, y cualquier número que suene a seriedad) para que se convenza que ha sido tomado en serio.

Mientras tanto, me iba a comer pizza con Basilio y Felipe.

Castigo divino.

Sushimanía

Desde hace algún tiempo que buscando formas mas sanas de comer, me allegué al sushi. Y es sabido que cuando «la señora» comienza una dieta, les toca a todos, incluyendo su pareja. Esta vez fue a la inversa, Andrea terminó metida en mi cambio alimenticio y comiendo tanto sushi como yo.

Pero las replicas no se detienen allí. Quienes me rodean también han sido tentados por esta poco (aún, pero cada vez más) tradicional comida. Partiendo por Basilio y Bea, que de tanto verme babear por salmones y atunes crudos, hace algún tiempo invité a comer sushi hecho en casa por mis propias manitas.

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El fin de semana era preciso para pagar la deuda, y a las 4 de la tarde comenzó el trabajo. Que el arroz, que los huevos, que cortar los vegetales y el salmón (el medio kilo entero) que habíamos comprado precisamente para ello. En total, 3 horas de trabajo preparando hosomaki, uramaki, tamago yaki, nigiri, sashimi y las hojas de wasabi. En total, tunimil piezas para tan solo 6 personas.

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A fin de cuentas, tantas piezas que ni estando presentes Basilio y Yo, dos tragaldabas consagrados, no pudimos acabar con todo. Pero en 15 minutos se fue el trabajo de horas, justo lo que me molesta de cocinar.

De caminata pre carrera

Mucho tiempo sentado, si no es en la Universidad, es en las salas de estudio, o frente a mi estación de trabajo en la empresa o en la casa. Pero demasiado tiempo sentado. Tanto es así que últimamente he comenzado a sentir las repercusiones en mi espalda, débil que ya no se puede ni mi propio peso y luego de una hora de caminata comienzo a sentir el agotamiento.

Mi peso siempre ha sido discusión abierta. Acostumbrado a ser una pluma casi toda mi vida, hace diez años (cuando era un mozalbete de 18) mi relación era 1.70 de altura y (agárrense) 56 kilos. Hoy, los diez años mas tarde, el mismo 1.70 de altura pero con 64. Y los siento, ya no vuelo por los aires, siento que cada paso hace temblar la tierra comparado con mi sensación de flotabilidad anterior.

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Camino a «Calama».

Salud y vanidad me han hecho volver a las canchas. Junto a Basilio nos hemos puesto de acuerdo de, al menos, salir a correr todos los días. Y ayer comenzamos con una caminata de unas 6 horas vagando por Concepción, a tranco fácil y relajado, reconociendo terreno por el cual estableceremos la ruta de regreso a nuestros estados físicos óptimos.

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Un moscardoncillo en un Agapanto

Partimos como siempre desde el Café Colombia, nuestro segundo hogar, hacia la Universidad de Concepción llegando a la cancha ubicada en la cascada, detrás de Forestal, mejor conocida como «Cancha Calama» por situarse en altura. Seguimos vagando por toda la universidad, el estadio, camino Einstein, cabinas y de vuelta a Víctor Lamas, Prat, Padre Hurtado, Carrera, Paicavi y de vuelta en Plaza Perú.

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Un sasquash autóctono de los cerros universitarios

Va ser una largo tramo, entretenido, hermoso, natural y urbano.