La Historia

Nacido en la región del Biobío, no me he movido de dos cuadras a la redonda a lo largo de toda mi vida, a pesar de haber vivido ya en tres casas, todo un bebé. Y como guinda de la torta, al colegio donde asistí los primeros 4 años estudiantiles quedaba a media cuadra de mi casa. ¡Que comodidad!.

Anécdotas de aquellos tiempos fueron mi promedio 7,0 de kinder a cuarto básico y el trauma que me provocó sacarme un 6,7 el día en que confundí 1879 con 1779 (el año del Combate Naval de Iquique). Una vez en otro colegio que fuera mas exigiente mi promedio bajó a un paupérrimo 6,8.

La educación media la cursé en un tubo de ensayo de la educación chilena. El año 1991 decidieron usar un ensayo de PAA de matemáticas como prueba de ingreso al Liceo Enrique Molina Garmendia. Quienes obtuvimos la nota máxima clasificamos para esta placa de petri. Buen éxito debe haber tenido ya que en un colegio donde la desersión es mayor al 40%, el 100% egresamos y el 100% cursamos estudios superiores en donde se nos antojó.

Cachetonamente, ser un buen alumno tiene sus complicaciones. Obtener el puntaje en la PAA que te permita estudiar lo que se antoje (menos medicina, ya que la biología la detesté durante 4 años) provoca crisis vocacional. ¿Que estudio si en todo creo que podré ser feliz?. La decisión fue bastante cerebélica y me fuí a la Universidad de Concepción a la Facultad de Economía a estudiar Ingeniería Comercial, donde entré entre los 10 mejores seleccionados junto a mi viejo amigo Andrés. Allí estuve hasta cuarto año donde por problemas médicos tuve que congelar durante dos larguísimos años.

Dos años hacen reflexionar mucho y a la vez perder el rumbo antes tomado. Un golpe de timón me hizo intentar en Ingeniería Civil, donde por año y medio probé la sangre, sudor y lagrimas en donde no me sentí ni parte ni cómodo.

Segundo golpe de timón y vuelta a Ingeniería Comercial. Pero ya era demasiado tarde para volver al alma mater, demasiado tarde, demasiados cambios y descontento. Si voy a hacer un cambio de rumbo, que sea notorio y para mejor. La Universidad del Desarrollo es hoy mi alma mater, Ingeniería Comercial mi rumbo.

Hoy felizmente, lleno de proyectos y (toco madera) trabajo, acompañado por una maravillosa mujer vuelvo a planear mi futuro. Un día a la vez la vida es genial.

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