Hace 4 años

Hace 4 años decidí mudarme a vivir a Santiago. Necesitaba ver a mi hermana, que ya hacia tiempo estaba viviendo allá, pero además necesitaba salir de una duda, arriesgarme como un quinceañero y lanzarme a la vida antes que las neuronas retomaran su trono. Pasar tiempo con alguien que por esas tincadas irracionales, me parecía que llegaría a ser alguien importante en mi vida.

Así fue, ese alguien era Andrea y hoy cumplimos 4 años. Qué felices 4 años!

Esta es la primera de muchas fotografías que nos tomaríamos.

La retrospección anual

La luz al final del túnel, el fin de una era, el nacimiento de una nueva vida.    

Esa parece ser la temática del reciente año. Es completamente diferente planear la vida cuando uno tiene un colchón, una red de seguridad bajo cada acción temeraria que realiza. Cuando aun los costos de oportunidad de cometer una terrible equivocación son bajos y por lo tanto aceptables y recuperables fácilmente.

Cuando pasa el tiempo y el cartón se ve finalmente a la vuelta de la esquina pareciera cambiar la actitud. Y es diferente porque, en mi caso, llego a esta meta como un hombre maduro, tal vez un poquito mucho. No es lo mismo terminar una carrera a los 22 que a los 30, créanmelo. Denme un poco de crédito y acepten esta opinión como verdadera.

No es que durante todo este tiempo haya sido un vago, no llegué a este punto porque así lo haya planeado. Llegue a este punto porque no creo en los puntos sin regreso, no creo en los destinos establecidos ni en la incapacidad de enmendar el camino recorrido. Y mis actos hablan por ello. Llegue a este punto viviendo vidas paralelas, cohesionando mundos, uniendo otras vidas.

Paseo del Ombligo, 3er año.

Está el que trabaja, el que se paga el pasaje y la chaparrita del “Pancito” cuando no puede almorzar en casa, al que sus compañeros miran como el adulto del grupo, algo lejano, que admiran por una parte, pero desprecian la posibilidad siquiera de llegar a mi edad viviendo mi situación. El que habla distinto, el que pronuncia letras que ellos no conocen, el del tono mas profundo y calmado, con dichos y muletillas desconocidas en su léxico, ajenos a sus fiestas, reventones y cahuines aparentemente huecos y adolescentes.

 Andrés y Monica

Está el pendejo de siempre, el que sus más viejos amigos pueden mirar con condescendencia sin sentirse culpables. El más joven del grupo, siempre el más chico, el enano, inocente e irresponsable. El que habla como “lolo”, el mas “hip” de todos, que aun se viste en el rincón más juvenil de Zara, que no sabe lo que es un Dockers ni se imagina la vida con menos de 5 pares de zapatillas. El que se da los lujos de irresponsabilidad en la vida que ellos no pueden darse hoy, aunque se los hayan dado varios de ellos en el pasado. No hoy. Hoy son adultos casados, con hijos muchos de ellos, con hipotecas a su nombre y cuentas de colegios cada mes. Con viajes en su pasaporte e historias en lugares que solo se llega en auto.

GNOME Chile

Y está el que el lector probablemente más conoce. El tecnologizado nerd. El hambriento de bits y de informacion, el que figura(ba) en listas, sitios y chats. El que sus amigos son tan nerds como él y les importa, a la mayoría representativa, un rábano el cartón mientras muestre cuantas neuronas tiene, único requisito de admisión. Los eternos adolescentes treinteañeros de la mano con los viejos de veintipocos. Los creativos incomprendidos y disfuncionales que desconocen mi otro yo.

Qué tan disfuncional puede uno forjar su personalidad viviendo en esta dicotomía constante de vida. Solo yo lo sé.

En el día a día este malabarismo a tres bolas es fácil de mantener. Juntos pero no revueltos revolotean alrededor de mi vida.

Pero en días como hoy es cuando el malabarismo comienza con sus problemas técnicos. Cuando se me quieren juntar y me requieren unos y otros, cuando se me confunde quien conoce a quien y se ofrecen celebraciones por doquier, ya que claramente no se cumplen 30 todos los días.

Hoy en día la vida da vueltas y los planes se hacen realidad, y se hacen realidad con un distinto peso a como se hacían realidad cuando tuve 22. Los planes de que trabajar y con quien, de donde vivir y con quien. Nada está escrito a fuego, pero es diferente vivir este proceso como lo viví hace casi 8 años cursando ramos de noveno semestre, a como lo es hoy en día cursar similares ramos de, una vez más, noveno semestre. Eso hace entretenida la vida. Es como leer un libro, en que tu imaginación vuela de distintas formas cada vez que lo lees, representando la vida que experimentas en el momento en que lo lees.

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Pasar por lo mismo 8 años después es leer otro libro, mi imaginación vuela distinto hoy a como lo hizo hace uf! … tantos años atrás. La experiencias que acumulé en el intertanto me hicieron una muy diferente persona. Aunque mi novia se rehuse a creerlo, mis viejos amigos pueden dar fe de mi diametral y radical transformación por la que he experimentado a través de los años.

¿Demasiados? Tal vez. Pero nunca me he arrepentido un segundo siquiera de las decisiones que me han traído a este maravilloso momento que estoy viviendo. Ni uno.